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2 nov 2011

Me desperté en un día gris, como muchos otros. Sin ganas de salir al mundo, sin ganas de enfrentarme a nada, simplemente caminar, sola bajo ese enorme cielo gris, bajo ese día que parecía un espejo reflejando mi interior. Comencé a caminar por esa calle despejada, yo y mi alma, nadie ni nada más. La lluvia me alcanzo, primero lento y luego cada vez más fuerte, pero yo seguía con mi paso tranquilo, no tenía fuerzas para correr. El agua me cegaba, me atrapaba, me hundía como lo hace en esas tormentas que suelo enfrentar yo sola entre mis sentimientos y mi mente, mi soledad y mis ganas de salir, sin poder ganar, sin poder vencer mi mayor miedo, sin poder matar a la soledad.

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